¿Puede rescatarse el algodón peruano?

El algodón peruano requiere inversión en tecnología para mejorar su productividad.(Foto: Bloomberg)

¿Puede rescatarse el algodón peruano?

Los campos algodoneros se ha reducido a la mitad en cinco años, pero los expertos afirman que puede revertirse la historia

El algodón peruano requiere inversión en tecnología para mejorar su productividad.(Foto: Bloomberg)

El algodón peruano requiere inversión en tecnología para mejorar su productividad.(Foto: Bloomberg)

No hace mucho, el algodón peruano era nuestro ‘oro blanco’. Las finas características de sus fibras largas (tangüis) y extralargas (pima) ganaron gran valor y prestigio en el mundo. En los años 80, el país producía 280 mil toneladas de fibra de algodón y la industria local demandaba la mitad; lo demás se destina a la exportación. No obstante, en la última década, nuestro producto bandera ha ido perdiendo, notablemente, el brillo de antaño.
Los campos algodoneros se han reducido a casi la mitad  durante los últimos cinco años y hoy  la  producción de este cultivo asciende a apenas 26 mil toneladas, la tercera parte de lo que se producía en el 2007. Así, en la actualidad abastece al 30% de la demanda interna, que se ha reducido a entre 90 mil y 100 mil toneladas al año, según cifras de la Sociedad Nacional de Industrias (SNI).

Ante este déficit, la industria local ha buscado, cada vez más, sustitutos en el algodón importado de Estados Unidos y la India. Toda esta situación en el primer eslabón de la cadena repercute, claro, en la elaboración de las confecciones.

“Es necesario que en nuestra industria textil haya algodón peruano, cuya calidad es parte de  nuestro valor agregado”, remarca Martín Reaño, gerente del gremio textil de la SNI.

¿Qué pasó?
Esta drástica caída no ha sido gratuita. Son muchos los factores que han mermado la producción y rentabilidad del algodón en el Perú.
Los sucesivos cambios en la política agraria del algodón y la agresiva competencia internacional–con semillas mejoradas– fueron dos puntos decisivos. Ello se sumó a la decisión de los productores de Piura (donde se produce algodón pima) de migrar hacia otros cultivos (arroz, uva y otras especies) para obtener mayores ingresos, cuenta Reaño.
El resultado ha sido la reducción de hectáreas (26.711 al 2015, según el Minagri) y una menor productividad del algodón. Mientras nuestros competidores superan los 100 quintales por hectárea, el Perú apenas llega a 50 o 60 quintales, lo que solo cubre los costos de producción según las fuentes consultadas.
No solo eso. Para Guillermo Dulanto, especialista de la Universidad de Piura (Udep), la falta de asociatividad entre los productores hizo cada vez más evidente la brecha entre las parcelas que quedaron aisladas con baja rentabilidad.

pOSIBLES SOLUCIONES
Ante ello, los expertos sugieren que la industria trabaje en la investigación de semillas mejoradas, como lo hacen nuestros competidores. Esto no solo impactará en la productividad de la misma, sino en el grosor de la fibra y en la calidad de la producción.
Para Alfredo Lira, presidente del Instituto Peruano del Algodón (IPA) es necesario trabajar en investigación para crear nuevas variedades de algodón, de la mano de las universidades y del Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA). “La competencia en textiles pasa por la tecnología”, dice Lira.
Álvaro Díaz, especialista en comercio exterior, va un poco más allá y asegura que el camino es trabajar en la modificación genética, un plan  que se enfrió hace cinco años con la Ley de moratoria a los transgénicos. Esto, asegura, nos coloca atrás en desarrollo tecnológico y en competitividad.
“El algodón no es alimento, se usa en la producción industrial. Hay que evaluar caso por caso”, coincide Reaño.
Asimismo, la asociatividad entre los pequeños productores es cada vez más necesaria, dado que la producción a mayor escala permite más rentabilidad. Por ejemplo se pueden comprar insumos (como fertilizantes) a mejores precios y tener una economía de escala.
Y ante la coyuntura, se ha vuelto imperativo redirigir la estrategia. “No podemos competir por precio para el consumo masivo, hay que apuntar al segmento medio alto y alto”, coinciden Lira y Reaño.
El Perú tiene que jugar la carta de la diferenciación, afirma Rosario Pajuelo, directora de Insiders, consultora en comercio sostenible entre la región y Europa. “Debemos insistir en posicionar nuestro algodón en la alta gama, hay mucho trabajo de promoción que hacer al respecto”, añade.
De otro lado, según Dulanto de la Udep, quedan otros temas en el tintero como la posibilidad de un mejor  acceso al crédito para optimizar la siembra u otorgar subsidios a la producción algodonera.

Lo que está en marcha
Hay algunas iniciativas. El IPA trabaja en la mejora constante de la variedad IPA 59 (mezcla del pima y el tangüis, sin que pierda su calidad extralarga) para aumentar su productividad -pasa de los 80 quintales por hectárea- y lograr mayor competitividad en el precio. Lira indica que  hay buenos resultados y la mezcla de las fibras es el camino para que la industria no decaiga y se amolde a la demanda mundial.
Lo positivo es que la producción se puede dar en diferentes zonas del país como Pisco o  Cañete  y se están probando semillas en Tarapoto. Esto permitiría incrementar la producción de las fibras. No obstante, no es suficiente. Lira afirma que hace falta mayor innovación y tecnología para desarrollar más variedades con la mezcla de fibras naturales.
En tanto, a nivel de promoción, Prom-Perú lanzó este año la marca sectorial Perú Textiles, a fin de ser el paraguas de la industria en todos sus niveles, desde la siembra hasta la prenda.
Luis Torres, director de exportaciones de Prom-Perú, cuenta que la marca fue creada para rescatar y relanzar esta industria hacia nuevos segmentos. “El nuevo gobierno ha dicho que va a apoyar este reenfoque para colocarlo otra vez como un sector medular”, anota.
“Tenemos un buen posicionamiento en Estados Unidos, donde ahora apuntaremos al centro de dicho país con fibras de alta gama”, señala Torres. El mercado asiático también tiene una demanda importante en ese nicho y hacia allí se dirige.
Pero a ojos de Pajuelo, Prom–Perú tiene que ser más agresivo con la promoción y centrarse en las cualidades del pima como diferenciador, a pesar de que se haya reducido su producción. “Debemos crear una demanda de lo que nos diferencia, una vez que creemos un mercado selecto mundial para el pima, irá regresando el cultivo”, proyecta.
Díaz, por su parte, dice que la oportunidad del Perú está en la búsqueda de clientes de hilados y tejidos, no solo con fibras de algodón sino también con las de alpaca o vicuña. Leandro Mariátegui, presidente del comité textil de la SNI, en tanto, refiere que pese a la crisis del sector, debemos aprovechar nuestra industria integrada (de la fibra a la prenda), que hoy nos diferencia de lo que ofrecen otros países que compiten con nuestros textiles.
Ahora más que nunca hay que hilar fino, pues nuestro algodón solo tendrá futuro si se reinventa ayudado del uso de la tecnología en nuevas fibras -según los requerimientos del mercado- y si se genera la promoción adecuada en los nuevos nichos a nivel mundial.
2,8
millones de empleos genera de manera directa e indirecta este sector.
No obstante, si hablamos de empleo directo, se calcula que son 400 mil en toda la cadena (INEI/SNI).
S/1,1
millones en impuestos  generala industria de textiles y confecciones A la fecha, textil-confecciones representa el 1,9% del PBI. Hace cinco años, llegaba al  2,3% (SNI).Puntadas

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